Cada cuatro años, los heraldos proclamaban una tregua sagrada para los Juegos Olímpicos que se celebraban en honor de Zeus. Los griegos valoraban mucho las aptitudes físicas, por eso los atletas que triunfaban obtenían respeto y fama.
Los griegos pensaban que era necesario realizar todo tipo de deportes y gimnasia para desarrollar el cuerpo y ser todo lo hábiles y fuertes que fuera posible.
En las ciudades se alentaba a los niños a que se ejercitaran en el gimnasio durante muchas horas, siempre bajo la mirada alerta de un instructor. En Esparta, consideraban que este aspecto de la educación del niño era mucho más importante que aprender a leer o escribir. El premio para los mejores atletas consistía en participar en uno de los grandes festivales o juegos atléticos.
Esta clase de festivales se realizaban en forma regular en toda Grecia. Algunos comenzaron como pequeñas festividades locales y llegaron a convertirse en acontecimientos internacionales a los cuales asistía la gente de todos los lugares de habla griega.
Para todos, estos grandes festivales eran sagrados, y hasta tal punto que los estados que estaban en guerra solían pedir una tregua para poder competir.
Las olimpiadas
Los más importantes eran los Juegos Olímpicos. Se celebraran en honor del dios Zeus cada cuatro años, desde el 776 aC hasta el 393 dC.
Se llevaban a cabo en el plenilunio de Agosto, cuando ya se había cosechado el grano y quedaba un período de calma antes de cosechar la uva y el olivo. Ni bien empezaba el año, los heraldos recorrían grandes distancias anunciando los juegos. También anunciaban que no habría guerra hasta que los juegos terminaran.
Atletas y espectadores llegaban de todos los lugares griegos, de las colonias del Mar Negro, de las ciudades del Asia Menor, de las islas del mar Egeo. Los concursantes se entrenaban un mes en Elis, una comarca cercana.
Después se reunían en el templo de Zeus con sus entrenadores y sus padres, donde prestaban un juramento solemne para competir con honorabilidad.
Durante la primera mañana de los Juegos se realizaban carreras de caballos y de carros tirados por cuatro caballos, por la tarde, tenían lugar los cinco ‘pentatlón’: carrera, salto largo, lanzamiento de disco, jabalina, lucha; siempre se tenia en cuenta la elegancia con que se hacían estos ejercicios.
El día siguiente (día de luna llena), se consagraba a Zeus y no se celebraban competiciones. Alrededor de 60.000 personas, entre espectadores y concursantes, se consagraban en torno al altar de Zeus. Después, los oficiales, atletas y delegados de las ciudades competidores desfilaban llevando sus ofrendas al dios.
El último día, como cierre de los juegos, se realizaban carreras por la mañana y por la tarde pugilato, lucha y un combate muy particular llamado pancracio, en el cual algunos competidores llegaban a perder la vida.
Los atletas ganadores recibían simples coronas de hojas de olivo. Pero cuando regresaban a sus ciudades nativas, eran recibidos como héroes.
Fuente: Grandes Civilizaciones – Antigua Grecia
Imagen: Fickr